Por Dr. Ariel Sragowicz

A pocos días de haber vencido el prorrogado plazo para depositar efectivo en el país proveniente del “colchón” o de las cajas de seguridad, el gobierno salió a festejar la inesperada  suma de u$s 7.185 millones que se depositaron en los bancos del país.

Si tenemos en cuenta las dificultades que hubieron para abrir las cuentas en los bancos, pagar el 1% a cuenta necesario para poder depositar el monto a blanquear, los problemas con la página de  AFIP que perduraron hasta último momento y demás obstáculos que se tuvieron que sortear para poder lograr este primer objetivo, debemos reconocer que fue todo un éxito esta primera etapa del sinceramiento que, como coinciden la mayoría de los tributaristas del país, es sólo la punta del iceberg de lo que realmente se va a exteriorizar.

A  poco más de un mes que concluya la segunda etapa, quizás la más importante de este blanqueo, la que se refiere al pago de la alícuota del 10%, recuérdese que a partir del 01/01/17 esta se incrementa en un 50%, empezaron a correr rumores de prórroga, de cambios, a través de modificaciones en el Decreto Reglamentario, lo que pone nuevamente en tela de juicio parte del asesoramiento que los contadores, de manera denodada, estamos dando a nuestros clientes. No sólo hubo que entender, en tan solo un mes,  la Ley, Resoluciones Generales de AFIP (RG 3919, 3920, 3934, 3935, 3943 y 3947), una Resolución Conjunta del Ministerio de Hacienda y la Secretaria de Hacienda (3/E 2016), Resolución de la CNV 672/2016, Comunicación A 6022 del BCRA, Resolución de UIF 92/2016, sino que además hubo que analizar las interpretaciones que, a través de sus sitio web o reuniones formales o no tanto, daban los funcionarios de la AFIP. Sumado a esto, en la actualidad para poder presentar un sinceramiento debemos esperar a que el fisco termine de emitir toda la normativa que en definitiva será la que prevalecerá en este mar de incertidumbre que se genera día tras día con este régimen.

¿Por qué siempre tenemos que trabajar sobre el sistema de prueba y error?  ¿Cuándo se emitirán normas que sean cumplibles y definitivas? ¿Cuándo se fijarán las fechas de vencimiento y no se modificarán haciendo quedar a los profesionales que nos dedicamos a esto como verdaderos ingenuos, creyendo que los vencimientos no van a cambiar o que la normativa ya fue lo suficientemente analizada antes de su entrada en vigencia, para que no se tengan que hacer parches sobre parches sobre parches?

Seguramente no habría incertidumbre, confusos asesoramientos, y tanta especulación por parte de los contribuyentes a la hora de sincerarse esperando una prórroga y/o cambio en las normas.

Es tiempo de sinceramiento y sin lugar a dudas debe ser recíproco: el contribuyente cumpliendo con “su parte” y exteriorizando aquello que por diferentes razones mantuvo oculto hasta el día de hoy, y el Estado, no sólo dándole al contribuyente la seguridad jurídica que se merece considerando el costo que este nuevo status quo le representa el día de hoy y hacia el futuro en materia impositiva,  sino además comenzando un trabajo tendiente a reducir la elevadísima presión tributaria que actualmente pesa sobre los argentinos y que está a la altura de los países más desarrollados del mundo, con una contraprestación que lejos está de la que tienen esos mismos países.

En la medida que el Estado siga presionando con el aumento de impuestos distorsivos, y no tenga creatividad al tiempo de reducir el gasto público, este blanqueo sólo servirá para poner medianamente en orden las cuentas a la fecha de su acogimiento, pero no generará un cambio de conductas que es lo que todos esperamos.

El mundo está yendo hacia la transparencia fiscal, con reglas claras y seguridad jurídica. Nuestro país quiere ser parte de ese proceso, y para ello debe ponerse a la altura. Y para que eso ocurra no sólo los contribuyentes debemos sincerarnos y contribuir con nuestros impuestos sino que el gobierno debiera honrar ese sacrificio cuidando las cuentas públicas en beneficio de los ciudadanos  que conformamos el Estado y si así no fuera, que cada uno saque su propia conclusión.